miércoles, 27 de diciembre de 2006

Mirando el telefono



Hace diez días sonó el teléfono, atiende mi madre, cree que es para mi mujer, ella atiende y me lo pasa a mí.
Era una entrevista de laburo.
Me llamaban de Compumundo, esa enorme red de casas de artículos electrónicos, dependiente de Garbarino que todo el santo día aparece en la televisión.
Me baño, me peino, desempolvo un cacho el saco, lustro medio apurado los zapatos (ya llegaba tarde, no pensé que había pasado tanto tiempo desde la última vez que me puse el traje), me tomo el bondi, me bajo, me tomo un taxi, llego tarde, me bajo y voy a la entrevista.
Espero un poco, ¡Joya! me dije, no se avivan que llego tarde, luego de esperar unos 15 minutos, empecé a putear, de haber sabido ni me tomaba el taxi y me ahorraba 6 mangos.
Me llaman, me toman la entrevista, despliego carisma arrasador, una mirada proactiva y una seguridad que en cualquier reunión de amigos habría caído muy mal, quedaría como un creído de morondanga, pero ahí no, ahí uno va a una entrevista para el puesto de vendedor, tenés que ser el más grosso, el tipo de la autoestima por las nubes, el superado, un creído de morondanga pero que vende artículos electrónicos.
Me vuelvo a casa, me olvido, a los dos días me llaman de vuelta.
¡Segunda entrevista!
Me baño, agarro el saco, los zapatos no los lustro, plancho la misma camisa que aun no había lavado, me peino y enfilo para la segunda entrevista, recursos humanos, al revés que siempre, la primera entrevista me la tomaron los de la empresa, la segunda recursos humanos, siempre es al revés, está vez no, esta vez fue así… mmmmmm, algo me huele mal, debe ser la camisa.
Toda la garra en la segunda entrevista, éramos cinco, dejo hablar a los demás primero, uno tira un chiste, la de recursos humanos no le devuelve ni una mueca... pienso: no hacer chistes.
Me toca a mi, como siempre, inevitable, se me escapa un chiste... la de recursos humanos esboza una sutil sonrisa, sigo hablando, intento no tentar a la suerte, se me escapa otro, la segunda risa fue más poderosa, mientras voy contando mis experiencias laborales, trato por todas las formas controlar a ese payaso que me tira letra todo el tiempo dentro de mi cabeza, pero no lo logro, tiro otro más, un tercero, la de recursos casi lanza una carcajada, habla otro, respiro aliviado, también tira un chiste, silencio absoluto... zafé, tranquilamente pudo haber sido el cuarto mío.
A los cinco que estábamos, nos mandan a hacernos análisis médicos, el tramite horrible de la reincidencia, cuatro horas en tribunales, lo retiro a los dos días, me fijo, ninguna causa penal, salí limpio, buenísimo, uno nunca sabe las denuncias que pueden estar haciéndole a uno justo cuando está buscando laburo.
Me llaman cuando termino de hacer los trámites, me pongo contento, era para pedirme un par de teléfonos de referencias que les faltaba en el currículo, vuelvo a mi estado de animo anterior.
Voy a la sucursal de recursos humanos, me reintegran el costo del trámite de la reincidencia, me cruzo con uno de los cinco que estábamos ahí en la segunda entrevista, me dice que ya llamaron esa misma mañana a los teléfonos de referencias de él, salgo de ahí, llamo a uno de los teléfonos de referencia que les puse yo, lo llamo, le pregunto, me dice que no que no llamaron, me deprimo, llamo más tarde, me dicen que apenas corté lo llamaron de Compumundo, resurjo de las cenizas, pasó un día, me deprimo, ahora solo me resta esperar a que me llamen, tengo hasta el viernes inclusive, todos me dijeron lo mismo; -"Si ya hiciste todo eso vas a ver que te llaman.-" "ya se gastaron como 3 gambas en vos", me dijo uno, “¿te pensás que no te van a llamar?... "Ya estás adentro, no jodas" me dijo otro... "Basta, no me importa ni Garbarino ni Compumundo ni Mongo Aurelio, no quiero saber más nada, me tenés harta, ojalá que te llamen, así no te veo en todo el día"... me dijo mi mujer.
Y acá estoy... esperando que llamen, ya me fijé, está bien conectado el teléfono, fuí al teléfono público de la esquina y llamé, me atendió mi mujer, ni habló, cortó... funciona bien, tengo pañuelitos atados por todos lados, me hice budista, budú, talibán, y Comunista, no me quedan más religiones a las que pedirles.
Está todo en manos de vaya uno a saber quien, depende de esa persona que tiene mi nombre en una lista, y su pulgar listo, depende de él, mientras tanto yo acá estoy sufriendo como un marrano, esperando como una quinceañera al lado del teléfono como hacia años y años que no pasaba.

Mi foto del DNI, todos salimos mal, pero yo me fui al carajo.